Esta semana hablamos sobre los frenos de disco, qué son y cómo podemos aumentar su vida útil. Realmente no se trata de una pieza excesivamente cara pero siempre es mejor no tener que cambiar algo que está bien, o lo estaba.

Expliquémonos ¿Por qué se suelen cambiar los frenos de disco en el taller? En la mayoría de las veces será porque los frenos han llegado a su fin después de un largo uso pero en otras sin embargo podemos evitar su sustitución si actuamos con cautela. En muchas ocasiones nosotros mismos somos los que dañamos los frenos de disco. Pero para saber evitar esto necesitamos antes conocer cómo funcionan los frenos.

El sistema de frenos de disco, que habitualmente encontraremos en las ruedas delanteras aunque cada vez más sustituyen a los frenos de tambor en las traseras, se componen básicamente de tres elementos: disco, pastillas y pinza.

El disco de freno se trata del elemento donde apoyarán las pastillas y es metálico. Al aguantar la fricción de las pastillas los frenos de disco alcanzan altas temperaturas por lo que deberán ser diseñados con materiales que soporten bien el calor. Si accionamos el freno durante un tiempo prolongado, por ejemplo bajando un puerto, los discos se sobrecalentarán y perderán eficacia. Es por ello que debemos saber cambiar de marcha cuando sea conveniente para ayudarnos del freno motor.

Las pastillas de freno por su parte son el elemento que rozan contra el disco cuando accionamos el pedal. Las pastillas de freno tienen una parte metálica y una parte de ferodo, que será la que apoye contra el disco. El ferodo de las pastillas se va desgastando con el uso, por lo que normalmente tienen un testigo de desgaste que nos avisará cuando estén llegando al final, para evitar que la parte metálica de la pastilla roce directamente contra el disco. Es importante estar al tanto del desgaste de las pastillas puesto que, si llegan a su parte metálica, provocaremos que roce metal contra metal y se dañará la parte metálica de los discos de freno. Si oímos chirriar los frenos al pisar el pedal probablemente tengamos que cambiar las pastillas, por lo que será recomendable acudir al taller de confianza antes de dañar los discos.

La pinza de freno por último se trata del elemento que empuja las pastillas contra el disco cuando accionamos el pedal de freno. Lo realiza mediante unos pistones hidráulicos. La orden de frenado la enviamos desde el pedal con el líquido de frenos, que accionan los mencionados pistones de la pinza de freno. Es importante por lo tanto tener controlado el nivel del líquido de freno, puesto que si nos quedamos sin líquido o si entra aire en el circuito nos quedaremos sin frenos. Es por ello que el cambio de las pastillas de freno lo tiene que hacer un especialista, purgando correctamente el circuito del líquido de frenos para evitar que haya burbujas de aire que puedan provocar un grave accidente al no funcionar los frenos.

Otra de las causas de daños en los discos de freno es el alabeo de los discos. El alabeo de los discos se refiere a que el disco de freno estará deformado en una zona particular. Esto sucede a raíz de fuertes frenadas puntuales, que debemos evitar en la medida de lo posible. Para evitar el alabeo de los discos deberemos frenar progresivamente y sin pisar el pedal de forma brusca, que además nos puede poner en peligro si tenemos un coche detrás al que no le dé tiempo de reaccionar. Lógicamente en una situación de emergencia no pondremos esto en práctica, para evitar una colisión o atropello.

Si seguimos estos pequeños consejos a la hora de circular, alargaremos la vida de nuestros discos de freno, encontrándose los discos en mejor estado para cuando realmente sean necesarios y ahorrándonos unos eurillos que nunca viene mal.