¡Bienvenidos a septiembre! Ya ha llegado el noveno mes del año, para muchos supone la vuelta al trabajo, al colegio, a los sufridos atascos de cada día…, lo que en estos tiempos modernos se ha dado a llamar como ‘estrés posvacacional’.

El estrés en sí mismo es un factor que nos ayuda a obtener un mayor rendimiento, pero también requiere a la vez un mayor esfuerzo invertido y, por tanto, tiene como consecuencia la aparición de fatiga. Es decir, el estrés continuado sí puede convertirse en un problema en una actividad que exige tanta capacidad de concentración como es el de la conducción.

Si quieres convertirte en un conductor zen, hay una serie de prácticas que puedes llevar a cabo para conseguirlo. La actividad de la conducción afecta a nuestra parte física y todavía más a la intelectual. Así, nuestra mente y cuerpo lo agradecerán, pero también las de los demás 😉

Un estado de relajación en la conducción es importante para alcanzar el grado de concentración necesario y para evitar estados de tensión innecesarios que pueden afectar a nuestra capacidad de reacción y a la toma de decisiones cuando sólo tienen cabida varios segundos.

Aquí van unas buenas prácticas para ser un conductor zen:

  • Toma conciencia: revisar el vehículo antes de arrancar te ayudará a concentrarte.
  • Encuentra ‘tu postura’: sentarte cómodo te ayudará a sentirte mejor. Para ello recuerda los consejos que vimos para sentarte de forma adecuada a la hora de preparar tu viaje en coche.
  • Evita las distracciones: habrá que olvidarse del móvil por un rato, del GPS y de todos los ‘gadgets’ que suelen inundar cada vez más el interior del vehículo. La tecnología ayuda y nos hace la vida más fácil, sí, pero mejor cuando estamos parados.
  • Fluye con el tráfico: evita acelerones y frenadas bruscas, generan una tensión innecesaria.
  • Date tu espacio, ir pegado al vehículo de delante no sólo altera al otro conductor, sino a ti mismo.
  • Respiración abdominal, es una buena forma de mantener la calma. Cuando te encuentres en la típica situación de alteración en carretera, prueba a hacer una respiración profunda tres veces, ¡funciona!
  • Sé amable: porque ayudando a los demás, te ayudas a ti mismo. Puede sonar un poco “empalagoso” pero es cierto, se podría trasladar a la máxima “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran”.  A manos de un volante tiene buen resultado.

Si conducimos acompañados, el pasajero en su papel de copiloto puede ser de gran ayuda cuando se ocupa de todo aquello que no sea la conducción, como observaciones puntuales para mantener el nivel de alerta, atender a los niños, responder al teléfono…

Sin embargo, también se puede convertir en causa de estrés, desde la Fundación CEA se describen tres perfiles de copilotos “peligrosos”: el copiloto que agobia, aquel que se pasa el rato advirtiendo e incluso estresando al conductor, y otro es el clásico que molesta con ruidos, cambiando el dial de la radio, gesticulando demasiado, hablando muy alto o disertando sobre temas que no se deben tratar ni discutir en un vehículo. Seguro que alguna vez has tenido alguno de estos cerca…

Así que si el acompañante en la conducción se va a convertir en un factor de distracción, entonces en este caso aplica decir eso de “más vale solo que mal acompañado”.

En Reparamiauto iniciamos septiembre dando la bienvenida a nuestros nuevos amigos en Facebook y Twitter (más de 2.000!!!), 🙂 recordad que este es uno de los mejores meses del año, podrás disfrutar de una temperatura ideal, nuevos proyectos, lucir moreno vacacional…

Y después de nuestros consejos, ¿qué tipo de conductor dirías que eres…, zen o estresado?

Y tú, ¿qué tipo de conductor dirías que eres…, zen o estresado?

Fuente: Dirección General de Tráfico, DGT.

Bujías
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